U.S. flag

Un sitio oficial del Gobierno de Estados Unidos

Progresos en ELA

junio de 2023

Artículo destacado

Progresos en ELA

Develar las causas y encontrar tratamientos

Image
Imagen de un trabajador de salud que empuja a una persona con ELA en una silla de ruedas.

Recibir un diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es devastador. La ELA hace que los músculos se debiliten con el tiempo y acaba provocando la muerte. También se conoce como enfermedad de Lou Gehrig.

“La ELA es una enfermedad de las neuronas motoras”, afirma la Dra. Rita Sattler, experta en ELA del Instituto Neurológico Barrow. “Las neuronas motoras se conectan a todos los músculos del cuerpo y controlan el movimiento muscular. Así que, si estas células desaparecen, los músculos se degeneran, la fuerza se desvanece y las personas quedan totalmente paralizadas”.

Las personas con ELA suelen morir de insuficiencia respiratoria. Los músculos que controlan su respiración acaban apagándose. La esperanza de vida promedio de una persona tras ser diagnosticada es de tres a cinco años.

En la última década, los investigadores han descubierto más pistas moleculares sobre cómo se desarrolla la ELA. Esperan que esto ayude a identificar antes a las personas con ELA. Los científicos también buscan formas de hacer un mejor seguimiento y tratamiento de la enfermedad.

Descubrimiento de las causas

La mayoría de los casos de ELA son esporádicos. Eso significa que no hay una causa conocida. Sin embargo, también puede ser hereditaria. Las causas genéticas representan alrededor del 15% o menos de los casos de ELA.

“La primera causa genética de la ELA se descubrió hace casi 30 años, con un gen llamado SOD1”, afirma el Dr. Michael Ward, neurólogo e investigador genético de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH). “Ahora, hay más de 50 genes diferentes que la comunidad investigadora ha identificado que pueden causar por sí solos formas familiares de ELA”.

Los cambios o mutaciones genéticas pueden causar problemas en la función de las proteínas producidas a partir de esos genes. La mayoría de las mutaciones genéticas encontradas en la ELA provocan la disfunción de una proteína llamada TDP-43. La TDP-43 es importante para convertir el ADN, que contiene el proyecto genético del organismo, en ARN. El ARN es la molécula que indica a las células cómo fabricar proteínas.

Para funcionar correctamente, la TDP-43 debe estar en el núcleo, la parte de la célula que alberga el ADN. En la ELA, la TDP-43 se escapa y se aglomera fuera del núcleo.

“Por tanto, están ocurriendo dos cosas malas al mismo tiempo”, explica Sattler. “Faltan proteínas en el núcleo y no hacen lo que se supone que deben hacer en el núcleo. Al mismo tiempo, se agrupan fuera del núcleo y añaden aún más problemas a la degeneración que ya se está produciendo”.

Tanto el equipo de Sattler como el de Ward están estudiando cómo esta proteína entra y sale del núcleo. Otros investigadores financiados por los NIH están buscando más defectos celulares comunes en las personas con ELA. Una mejor comprensión de estas vías moleculares puede ayudar a detectar y tratar antes la enfermedad.

Detección temprana de la ELA

En la actualidad, obtener un diagnóstico de ELA lleva su tiempo. “En muchas personas, el diagnóstico definitivo puede tardar hasta 18 meses”, afirma el Dr. Jordan Green, patólogo del habla y el lenguaje del MGH Institute of Health Professions (Instituto MGH de Profesiones de la Salud). “El diagnóstico temprano es especialmente importante en una enfermedad como la ELA porque las neuronas motoras se están muriendo y conviene intervenir lo antes posible”.

Si presenta signos de ELA, el médico le hará un examen físico y revisará su historial médico. También puede realizar pruebas para descartar otras enfermedades.

“Pero no hay ningún análisis de sangre que diga que sí, que tiene ELA”, dice Sattler. El neurólogo puede evaluar la fuerza muscular, los reflejos y otras funciones. Estas pruebas se utilizan para dar una “puntuación funcional”. La puntuación ayuda a los médicos a controlar la gravedad y el avance de la enfermedad.

Una función que la ELA suele alterar es el habla. Puede empezar a hablar más despacio y hacer pausas más largas entre las palabras. El equipo de Green está desarrollando herramientas informáticas para detectar estos cambios, incluso antes de que usted mismo pueda percibirlos.

Una de las tecnologías que está probando su equipo es una aplicación para teléfonos. Están comparando la eficacia de los datos de la aplicación para detectar cambios en el habla con la evaluación de un médico. La aplicación registra la velocidad a la que habla una persona, su tono y otros componentes del habla. Puede que algún día esta tecnología ayude también a predecir la velocidad a la que se deteriorará el habla de una persona.

También existen tecnologías de generación del habla que pueden ayudar a una persona con ELA a comunicarse a medida que avanza la enfermedad. “Pero es muy importante consultar a un patólogo del habla en una fase muy temprana de la enfermedad”, dice Green. “De ese modo, pueden aprender a utilizar estos dispositivos antes de perder la capacidad de hablar”.

Green también está trabajando en formas de entrenar el software para personas que ya están experimentando un deterioro del habla. Con el tiempo, los enfermos de ELA pueden perder por completo la capacidad de hablar. Por eso, otros científicos están desarrollando interfaces entre el cerebro y las computadoras que utilizan la actividad cerebral para ayudar a interpretar lo que quiere decir una persona que ya no puede hablar.

Seguimiento y tratamiento de la ELA

Los científicos también buscan formas de hacer un seguimiento y retrasar el avance de la ELA. Los medicamentos actuales pueden tratar los síntomas, pero no evitar que la enfermedad empeore.

La búsqueda de biomarcadores (moléculas u otros signos de una enfermedad) que permitan seguir su evolución se ha convertido en uno de los principales objetivos de la investigación. Los biomarcadores se pueden usar para ver si los posibles nuevos medicamentos funcionan. Los investigadores financiados por los NIH están estudiando muchas posibilidades diferentes.

Green señala que las tecnologías de detección del habla podrían usarse como marcador para probar medicamentos. Otra posibilidad es la proteína TDP-43. El equipo de Ward está probando formas de medir en qué momento la TDP-43 se vuelve disfuncional en las células, pero antes de que haya causado daños. Esto permitiría comprobar si los tratamientos pueden evitar o retardar el daño causado por la proteína.

Otro posible biomarcador que los investigadores han estado estudiando es la cadena ligera de neurofilamentos. Se trata de una molécula que se libera cuando mueren las células nerviosas. La Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE. UU. está estudiando un nuevo medicamento para el tratamiento de la ELA en función de sus efectos sobre esta molécula. El medicamento se llama tofersen. Se dirige a los genes SOD1 mutados. Sin embargo, aún no está claro si los efectos del medicamento sobre el biomarcador se traducirán en un impacto sobre la enfermedad.

“Se trata de una enfermedad contra la que es muy difícil desarrollar terapias eficaces”, afirma Ward. “Pero nunca hemos estado en mejor posición desde el punto de vista de la investigación para empezar a entender qué causa la ELA y cómo revertirla”.

Subir